Pensamiento y resistencia indígena

Capítulo 1. Pensamiento Indígena y Resistencias a la Colonización

Empecé a escribir la tesis doctoral en el año 2009, luego de muchos años de caminar con dirigentes y chamanes indígenas, de investigar y denunciar la situación de los pueblos cuyos modos de vida eran amenazados por la expansión colonizadora de sus territorios y culturas. Aunque en mis inicios como socióloga quería estudiar temas urbanos e industriales, la vida me llevo a realizar trabajos de campo en zonas con presencia indígena, campesina y afrodescendiente, y fue experiencia la que me «reeducó» permitiéndome cambiar mi mirada «citadina» del mundo para abrirme a otros saberes más ligados a la tierra.

Mis primeras andaduras me dejaron claro que en la naturaleza era una absoluta ignorante, que mi formación académica y existencial no me daba para moverme entre el monte, para leer las estrellas, para navegar los ríos, escalar las quebradas o sencillamente ir al baño sin tener un sanitario en el cual sentarme.

Esa sensación de ignorancia, sumada a la pesadez de las preguntas existenciales de una mujer de la ciudad preocupada por satisfacer las «necesidades básicas» a través de producir dinero para hipotecar la vida, hicieron que se abriera mi corazón a ese otro mundo sencillo y a la vez rico en sabiduría, alegría, comunidad y fortaleza ante la adversidad. Fue fácil dejarme llevar de la mano de los navegantes del río, de los observadores de estrellas y de las mujeres cuidadoras de la vida; sin embargo mi mente aún estaba colonizada por el adoctrinamiento social y educativo, que sobrevalora el desarrollo y el progreso, a la vez que penaliza y juzga lo distinto como inferior o ignorante. No era fácil captar la esencia de ese otro pensamiento negado, descalificado, criminalizado y omitido por la historia: el indígena ancestral, el campesino, el que está ligado a la tierra y la vida plena.

La descolonización de mi pensamiento, seguramente aún con trazas coloniales, empezó con el acercamiento al yagé (ayahuasca). Durante los años que trabajé en la Amazonia escuchaba con interés las historias sobre la experiencia del yagé, la mayoría que hablaban de un cambio en la vida de quienes la habían tomado, o como mínimo eran un hito en la historia de quienes relataban lo vivido durante una ceremonia con los taitas (chamanes). Escuchaba con respeto, tanto que ni se me ocurría acercarme a este mundo!.

Fue la vida misma la que me puso en un lugar y en un momento en el que la decisión estaba tomada, sencillamente debía aceptar una invitación de los taitas que participaban en un taller que yo dirigía para hablar de la agenda 21 en la Amazonia (1998). ¿Cómo decir que no cuando hablaba de la participación y el reconocimiento de los pueblos indígenas? Y gracias a ese evento, que ahora es un lejano recuerdo de mi corta vida institucionalizada, tuve el privilegio de participar en una ceremonia muy especial en el Amazonas, en la que se unieron las tradiciones de la coca, el tabaco y el yagé para celebrar un encuentro y sentipensar los planteamientos del presente futuro de la región.

Ese fue mi antes y después, pues tuve una experiencia de interiorización tan profunda que me permitió ver mi historia de vida académica, mi formación e incluso la estructura de mi cerebro; también me des-materialice al convertirme en una gota de agua, que junto a otras gotas recorrió un camino de vida que hasta entonces desconocía que existía. Supe, viví y sentí que existían otras formas de ver la vida, otros conocimientos que se me presentaban como una invitación para iniciar un camino hasta entonces desconocido e ignorado. A partir de esa noche, de ese amanecer fui otra, casi sin saberlo mi vida cambió paulatinamente hasta convertirme en quien soy hoy en día: una buscadora, rebelde del sistema, orgullosamente hippie, contadora de otras historias, militante de la vida plena, investigadora y una doctora en estudios sobre el desarrollo, que lee registros akáshicos y explora la metafísica cuántica.

Luego de esta toma de yagé, sin ser muy consciente aún de los cambios que vendrían, me uní a la causa de defender y conocer estas otras visiones de la vida. Durante dos años continué trabajando como investigadora, con un sentir más profundo y una mayor conexión con los indígenas, en medio de un convulso país que pretendía calmar su historia de guerra con un Plan que terminó sacándonos a muchas personas del país (el Plan Colombia). Y como no podía ser de otra forma, salí siempre cuidada por mis hermanos indígenas rumbo a Ecuador.

En Ecuador viví durante cinco intensos años y pude aprender algunos códigos andinos (serranos) presentes en la cotidianidad quiteña, como señales de una resistencia que asoma su existencia en los mercados locales a través de las caseras o proveedores rurales, y que sale con fuerza en las protestas cíclicas que manifiestan el descontento con los regímenes coloniales que persisten en su proyecto de dominio y exploración. Caminar las protestas fueron un verdadero descubrimiento para una colombiana acostumbrada a correr para proteger la vida! en Ecuador encontré la fuerza del colectivo, de la raíz y de sobretodo, de una historia latente de resistencia que se plasmó en lo que posteriormente sería el cambio constitucional en el que se incluyó el Sumak Kawsay como horizonte del Buen Vivir ecuatoriano.

En el 2005 vine a España a estudiar, primero una maestría en cooperación internacional cuya tesis fue sobre los pueblos indígenas; luego empecé el doctorado que culminó con la elaboración de la tesis doctoral sobre el Buen Vivir, en la que uní mi experiencia vital y conocimientos académicos. Empecé a escribir en el 2009 y como todo proceso creativo, le dí muchas vueltas al por donde empezar, creyendo que lo inicial sería la definición del Buen Vivir y su origen. Sin embargo, en el 2010 asistí a un curso de verano en la Universidad de Alicante sobre «Desarrollo y Diversidad Cultural: conceptos y medidas del Sumak Kawsay», allí se debatió sobre la viabilidad de la filosofía del Buen Vivir y la forma de hacer su medición, desde la mirada occidental que pretende interpretar y analizar el planteamiento que subyace en la profunda cosmovisión que fundamenta el paradigma andino amazónico de la Vida Plena.

En este contexto y con una aproximación decolonial, comprendí que para estudiar el Buen Vivir era necesario empezar por abordar el origen y la existencia del pensamiento indígena sobre el cual se fundamenta el Sumak Kawsay, y también incluir las resistencias a la colonización que negó los conocimientos ancestrales de los pueblos originarios. Este trabajo fue el más largo e intenso de la tesis, con al menos tres años de lecturas, experiencias y sistematización de los aprendizajes vitales que había tenido en mi acercamiento al mundo indígena. Esta aventura fue intensa, dolorosa al encontrar los conocimientos que me negaron en el colegio y en la universidad, también gratificante al decodificar los mensajes escondidos y a los proscritos. Este capítulo es para mi la base no solo de la tesis, sino de mi vida actual, en la que intento vivir siendo y ser viviendo el Buen Vivir.

Luego de esta larga historia y sin más preámbulos, a continuación les comparto el primer capítulo de la tesis, adaptado para que puedan leer de forma independiente y así aproximarse a este viejo nuevo conocimiento: Capítulo 1: Pensamiento Indígena y Resistencias a la Colonización, que pueden descargar aquí.

En este capítulo encontrarán el contexto cultural, histórico, geográfico y político en el que se desarrolla el modo de vida que sustenta la propuesta del Buen Vivir como paradigma civilizatorio. Con un recorrido conceptual, podrán conocer las bases epistemológicas y cosmogónicas del pensamiento andino amazónico; y finalmente podrán aproximarse a una breve historia de la resistencia a la colonización que ha dado origen a distintas vertientes del pensamiento crítico latinoamericano, así como ha sido base de la lucha indígena por evitar la extinción y asimilación de sus saberes ancestrales.