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Espiritualidad y Buen Vivir

Llevo tiempo dándole vueltas a la importancia de escribir sobre la relación indisoluble entre el Buen Vivir y la espiritualidad, asunto que debería ser tan claro como evidente. Para comprender el Buen Vivir hemos de saber que la vida es mucho más que lo meramente material, en tanto esta constituida por la energía invisible que conecta mundos y nos permite conectar con todo cuanto existe.

Vivir en plenitud pasa por reconocer que somos mucho más que materia, en tanto tenemos eso que nos “habita”: y que tiene distintos nombres como alma, ánima, aliento, esencia, sustancia y un etcétera que trasciende las creencias para hablar de la realidad inmaterial de la vida y del ser humano.

Reconociendo ese enfoque podemos comprender los conceptos, principios y bases filosóficas del Buen Vivir más allá de lo meramente racional para entenderlo como un profundo y amplio paradigma de vida que reconoce la espiritualidad como parte del todo. Esto trasciende el enfoque de la ciencia materialista que durante los últimos siglos ha regido el conocimiento “legítimo”, para dictar y dictaminar lo que es correcto, desconociendo otros enfoques y saberes que tratan sobre la vida plena.

Podría hablar del eurocentrismo en el conocimiento y la importancia de la decolonialidad o de descolonizar el saber para comprender los fundamentos del Buen Vivir, sin embargo me limitaré a mencionarlo como un marco de referencia necesario para cambiar o alterar los paradigmas que sustentan los modelos de vida centrados en la materia y por ende carentes de la esencia de la existencia inmaterial o del mundo invisible.

Ahora prefiero centrarme en reflexionar sobre la ausencia de la espiritualidad en los estudios sobre el Buen Vivir, en especial en el ámbito académico. Parece evidente que aún carecemos de enfoques holísticos que nos permitan tratar lo invisible y espiritual con normalidad, sin descalificaciones que limitan la comprensión de otros enfoques paradigmáticos claves para construir la vida en armonía con la naturaleza y con el todo con el que nos relacionamos.

Eso nos permitirá tratar el hecho de que tenemos alma, ánima, esencia o como quieran llamar a “eso” que nos habita en el corazón, que se siente en elpecho, haciendo posible la armonía y el equilibrio de la vida en conexión con la energía del todo que habitamos y nos habita.

Es lamentable que desde una perspectiva científica o académica, no solo se desconozcan los otros saberes o conocimientos que fundamental el paradigma del Buen Vivir, sino que además se descalifiquen temas espirituales o energéticos asociados a la filosofía del Buen Vivir llamándoles planteamientos “animistas” o “pachamamistas” como si fueran carentes de sentido cuando deberían ser reconocidos, valorados e incluso admirados por la profundidad del conocimiento que lo sustenta.

Esto es un reflejo del desconocimiento de conocimientos milenarios, además del apego a la ciencia racionalista y materialista que muestra limitaciones para comprender e interpretar el mundo y la realidad en pleno siglo XXI.  Justo es ahora cuando necesitamos abrir entendimiento para trascender los límites del pensamiento científico que debe actualizarse y renovarse para abordar temas esenciales de la vida que, por fortuna, se empiezan a conocer y a tratar por las ciencias cuánticas que reconocen la existencia de lo invisible e incomprensible que tratan desde hace siglos otros pueblos y civilizaciones.

Al hablar del Buen Vivir estamos tratando un paradigma relacional, integral y holistico que rompe con la separación entre la mente y el corazón, el sentir y el pensar o el compartimentar temas en estancos o islas, para pasar a comprender que todo está relacionado con todo. Así el agua, el bosque, las montañas, todo lo que nos rodea es parte del todo al que pertenecemos y del que somos parte.

Se trata de superar la separación del ser humano con su naturaleza y capacidad de vivir en armonía, reconociendo la ruptura con nuestra esencia por la primacía de la visión antropocéntrica del “hombre” individualista, racional y competitivo que se ubicó en el centro de la vida, separado de la naturaleza y de la comunidad para creerse un todopoderoso dominador del entorno que termina destruyendo.

Esta visión nos convirtió en un seres separados de la naturaleza olvidando nuestra propia esencia. Porque somos parte del todo, y sí, la naturaleza es la madre tierra, esa que nos da la vida, el alimento, el agua, el fuego, el viento, los elementos y las esquinas del universo que habitamos, con sus memorias y energía que también se leen en las estrellas, en los ciclos lunares y solares, haciendo de la vida un fluir constante del que debemos y podemos Ser partícipes.

Aunque en algún momento se renunció a esta esencia, el Buen Vivir es una invitación para volver a recuperar la fuerza del espíritu y la consciencia de quienes somos en realidad, para volver al origen del ser humano conectado con la vida, sin competencias, individualismos ni carencias.

Es el tiempo de sanar y restaurar para vivir en un mundo abundante de vida que se ha  desequilibrado por la avaricia y por el olvido del sentido profundo de la experiencia humana. Porque lo que si sabemos y compartimos con todos los humanos es la certeza de que al morir, nada nos vamos a llevar, solo la experiencia y la huella que dejamos en nuestro entorno, familia y comunidad, además de la sociedad en general.

La espiritualidad tiene que ver con la inmaterialidad de la vida, con el mundo invisible que comprende las emociones, los pensamientos, los sentires y vivires que dan sentido al ser, nos conecta con lo más profundo de eso que late en nuestro corazón y que es más que la biología. Eso nos da respuestas a preguntas sobre el propósito de vivir -más allá de las creencias religiosas, científicas e incluso ideológicas-, para centrarnos en la experiencia del ser humanos en conexión con la realidad que habitamos y nos habita desde el espíritu que somos.

El espíritu es una palabra que viene del latín spiritus y, según wikipedia significa aliento, hálito, soplo animador y la respiración  “da vida a toda la realidad”. Es el Chi en chino, Prana en sáncrito y Ki en japonés, términos que se refieren a la energía vital que fluye (o se estanca) y está en todo cuanto existe.

En kichwa (quechua) la energía vital es el Kawsay, aunque es un lenguaje en el que hay muchas interpretaciones y significados. Por ejemplo Pacha es el espacio tiempo que habitamos y que se relaciona con los mundos y la energía que fluye entre el cielo o arriba (hanan pacha), el aquí y ahora (kay pacha) y el mundo de abajo (uku pacha). La naturaleza es pachamama, pachakawsay, kawsaypacha… muchas formas de expresar la concepción de una vida más allá de la materialidad y también un gran aprendizaje para comprender el Sumak Kawsay o Buen Vivir.

El Buen Vivir implica ser conscientes de la espiritualidad cotidiana que nos conecta con la energía o el espíritu que tiene todo cuanto existe: los árboles, las montañas, el agua, las plantas, los minerales y hasta las piedras.

Cuando hablamos con el hermano árbol, los abuelos de la montaña o del fuego, estamos en conexión con su espíritu, desde el nuestro. Salvo de que se trate de desalmados -que haberlos ahílos- todos tenemos la posibilidad de sentir la esencia o espíritu de todo cuanto existe.

Pero en un mundo centrado en la materialidad y sin esencia, esa conexión se pierde creyendo que tenemos todo, sin darnos cuenta que perdemos lo más importante de la existencia.

Hablar con las plantas, pedirles permiso para ser cortadas, conversarles antes de ser usadas, conocer sus propiedades medicinales y aplicar los saberes ancestrales que nos dan salud física, mental y espiritual no tiene precio, porque es impagable. Por mucho dinero o materia que tengas, no se puede comprar el bienestar en forma de productos de laboratorio.

La vida en plenitud implica activar el sentido del ser, reconociendo la esencia o el espíritu que somos, para dialogar con los animales sin necesidad de abrir la boca, solo con la mirada y con sentir su presencia para descifrar sus mensajes. Igual que podemos leer en las nubes, en las piedras, en el fuego y en el agua las señales que guían el presente, ese espacio tiempo en el que todo sucede y se une el pasado con eso que llaman el futuro.

Vivir bien es tener la presencia en el kay pacha (aquí y ahora), en consciencia y en comunidad, siendo parte del todo, conectando con la esencia del Ser que Somos.

La esencia del Ser parte del todo se expresa en la cotidiana relación con la naturaleza y con los demás seres humanos, desde la consciencia de la existencia. Esto es un cambio profundo de mirada del individuo centrado en el Yo individualista y egoísta, para entrar en la compresión del nosotros comunitario y colectivo en el que Somos humanos compartiendo experiencias y aprendizajes asociadas a la existencia.

Por eso, aquí y ahora, es el espacio tiempo (kay pacha) de hablar de la espiritualidad del Buen Vivir como parte esencial de cambio de paradigma y de consciencia. Esperemos que la ciencia positivista y la academia materialista superen la negación del Ser para comprender que los pachamamistas y animistas Somos aprendices del Buen Vivir.

Soy una investigadora social formada en la investigación acción participación, enfoque que impulsa la capacidad de transformación de las personas y los colectivos. Estudio y practico el Buen Vivir, elaboré mi tesis doctoral en Estudios sobre el Desarrollo sobre esta propuesta de cambio de paradigma de vida para la humanidad y nuestro amado planeta. Creo que es tiempo de cambiar los viejos esquemas que nos dividen y limitan como personas, sociedades y civilizaciones, ahora es el momento de ser mucho más que razón para empezar a vivir en armonía con los latidos del corazón, el de la tierra, el de cada persona y el del sol.

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